jueves, 25 de marzo de 2010

Ni quién ni dónde ni cuándo

Me había perdido. De repente todo a mi alrededor me resultaba completamente extraño, desconocido. No sabía dónde estaba, no sabía a dónde ir.. Mi tercer ojo me vio desde arriba parada entre mucha gente que caminaba rápido, que miraba hacia adelante. Gente que sí sabía dónde ir. Y yo en el medio... Mirando a la derecha y a la izquierda, girando en el lugar. Mi reloj se había detenido y el de los demás corría acelerado. Me sentía angustiada, me costaba respirar... porque estaba perdida. Realmente perdida. En el espacio y en tiempo. Y yo misma me era ajena.
De repente vi una cara familiar. Sabía que lo conocía pero no sabía de dónde, de cuándo, no sabía quién era. Lo miré fijo con mis ojos empapados en gritos de auxilio, con los ojos desconcertados. Me devolvió su mirada. Me contempló durante al menos dos segundos, agachó la cabeza y siguió adelante, aumentando el ritmo de su marcha... Y lo seguí.. Lo seguí unas tres cuadras hasta que encontré una plaza que no la conocía pero la recordaba. Me senté en un banco a respirar y así empezaron a aparecer los sonidos. Los sonidos que hasta el momento no sabía que habían estado ausentes. Empecé a escuchar risas. Escuchaba el viento. Era poco pero me daba directo en la cara y me refrescaba. El sol pegaba fuerte y así, sin más, todo reapareció. Ya sabía quién era.. Ya sabía dónde estaba, sabía dónde vivía y a dónde tenía que ir. Sin embargo no me fui. Me quedé sentada con los ojos cerrados. Con la frescura del viento en mi cara, con la calidez del sol y con las risas como compañía. Me quedé durante horas en ese banco de plaza...

Pachina.

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